En el presente, somos gobernados. No nos gobernamos nosotros mismos; las personas debieran controlar sus propios asuntos y debieran tomar las decisiones acerca de cuestiones que las afectan. Gobernamos nuestros propios hogares. Ahí tenemos la responsabilidad, la libertad y la satisfacción implicada en el decidir qué es lo que hacemos. Sin embargo, tan pronto como salimos por la puerta frontal de la casa entramos en un mundo en el cual no tenemos casi nada que decir respecto de las cosas que se hacen. En vez de eso nosotros tenemos gobiernos que toman y hacen efectivas



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